Carnaval, ¡te quiero!
Próximamente, la crónica por Ms. Brightside.
Entrar en este verso como el viento,
que mueve sin propósito la arena,
como quien baila que se mueve apenas,
por el mero placer del movimiento.
Sin pretensiones, sin predicamento,
como un eco que sin querer resuena,
dejar que cada sílaba en la oncena
encuentre su lugar y su momento.
Que el soneto nos tome por sorpresa,
como si fuera un hecho consumado,
como nos toman los rompecabezas,
que sin saberlo, nacen ensamblados.
Así el amor, igual que un verso empieza,
sin entender desde donde ha llegado.
Jorge Drexler
Ayer no vi la gala de los Goya. De todas las películas nominadas, apenas había visto una (También la lluvia, que me sorprendió gratamente en su momento) y no tenía mucho sentido montarme una quiniela. Sólo había marcado las casillas de dos categorías. La primera era la de mejor canción. Supongo que no era muy difícil acertar dada el temazo que el señor Drexler se había sacado de la manga y, efectivamente, así fue. Esta vez sí, Jorge, esta vez sí te han dejado cantar. La segunda...Bardem, me acabas de imponer la obligación moral de ver Biutiful. Y es que, a pesar de no haber visto ninguna otra, me sigo preguntando qué cojones haces en la película para haberte merecido este Goya más que Luis Tosar.
Son las nueve menos diez de la mañana. En tres horas y cuarenta minutos tengo la entrega de mi primer proyecto. He dormido bien, me he despertado mejor, he desayunado una barbaridad, todavía nadie me ha recordado que es San Valentín ni nadie ha aparecido vestido de rojo riguroso y he recordado a mi paisano dedicando el Goya el pasado año "en galego, que se entende perfectamente" (en Madrid, todo toma mucho más sentido). Y hoy, hoy va a ser un buen día.

En un mundo en el que sólo los problemas económicos desencadenan verdaderas revoluciones democráticas, en el que los dictadores son apoyados por muchos, anhelados por bastantes y vetados por muy pocos; en un mundo en el que el terrorismo queda relegado a un segundo plano siendo considerado un mal menor por el poder político y en el cual los periódicos se llenan de palabras vacías e inconexas, el coste de la vida no deja de subir.
En un mundo en el que la libertad ha dejado de existir hace décadas, en el que tener una actitud crítica con respecto a las prácticas deliberadamente violentas que tu país ejerce sobre otro -tan oprimido que legalmente ni siquiera es tal- está penado por ley, en el que un profesor universitario puede hacer apología del lema "Menos intelectuales y más explotación"; en un mundo el que se prohíbe la emisión radiofónica de una de las mejores canciones jamás escritas por su contenido "deliberadamente discriminatorio hacia el colectivo homosexual" mientras en otro lugar del globo el máximo representante de la secta con más adeptos de la historia proclama a los cuatro vientos la obvia inferioridad de todo lo femenino o afeminado, la bocanada de aire cada vez está más cara.
A veces me pregunto si realmente merece la pena pagar semejante alquiler.
Fuck you, faggots!